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La Universidad y la cultura

En el artículo anterior intenté delinear algunas características que diferencian la educación universitaria de otros segmentos del sistema, aún cuando hablemos de enseñanza terciaria.

 

Si bien toda educación es transformadora, se entiende que la Universidad por naturaleza debe ser posibilitadora de transformación, de creación, de proyección humana y no defensora de los instituido, de lo existente. De ahí su tan pregonada autonomía y la insistencia de trascender la mera formación de profesionales para habilitar al individuo a desplegar su propia naturaleza como iniciador, como permanente creador. ¿Cómo ser creadores de futuro y ser responsables de nuestras decisiones si no reconocemos el mundo en el que nacimos y vivimos? El único modo de conocer la realidad es a través del conocimiento de nuestra cultura, es decir, de nuestros propios valores. La cultura, sin embargo, no es espontánea y no puede generarse con independencia de lo que ya es y de lo que existe. Para ello la Universidad debe mediar entre lo existente y lo siempre renovado por venir. Algo así como reconocernos como sujetos históricos insertos en un contexto que es producto de la construcción humana. Me gusta imaginar la Universidad como un sitio de cultura donde se habilitan ciertos procesos, encaminados a la construcción de mundos posibles. En sociedades como la nuestra, por un lado bombardeadas por un modelo foráneo de valores y por otro con escasas manifestaciones artísticas locales, la Universidad debería contribuir a cubrir esta gran necesidad de difusión y de divulgación de los hechos culturales.

Más allá de la carrera que el estudiante haya elegido y de los contenidos curriculares exigibles para la obtención del título, la Universidad forma profesionales, es decir, gente capacitada para el trabajo, lo que no debe entenderse solamente en el sentido de los cargos que demanda el mercado laboral, sino trabajo como concepto mayor, como producción, como creación humana, como lo que va configurando a la humanidad. Así, nuestros estudiantes devienen profesionales que “pro-fesan” lo que hacen, al decir de Mariluz Restrepo, porque podrán dar cuenta, dar fe de lo que saben y producen de manera autónoma. ¿No es ésta la base de la acción responsable, lo que nos permite responder por nuestros actos, dar cuenta de ellos? ¿No es esa conciencia, acaso, la base de cualquier acción sobre nuestro mundo? ¿Cómo ser creadores de futuro y ser responsables de nuestras decisiones si no reconocemos el mundo en el que nacimos y vivimos?

Bajo este enfoque de la Universidad como mediadora de cultura, es que desde el año pasado el Centro Universitario de Paysandú desarrolla un calendario de actividades culturales, que intenta cubrir diferentes manifestaciones y rubros, a la vez que ampliar el alcance de la difusión cultural. Propuesto y gestionado por una Comisión de Cultura cogobernada, es decir, formada por estudiantes, funcionarios y docentes, hay cine jueves por medio en el CUP y se plantea llegar al interior departamental con la propuesta. Hay también un ciclo de conferencias entre las que alternan temas como el cuidado del ambiente con un tributo a Litsz en el bicentenario de su nacimiento. También se han pensado números musicales de diferente género, que convoquen a distintos públicos y que tendrá su manifestación mayor en la semana de la Universidad, como ya viene ocurriendo desde hace dos años, al frente del viejo Ateneo.   

Buscamos con esto contribuir a replantear el pasado desde el presente y también poner la atención en nuestras expresiones culturales pero sin localismos, situándolas al lado de lo internacional desde un punto de vista humanista, para dar un marco de integralidad que nos acerque a aquello de Universidad sitio de cultura y por lo tanto creadora de mundos posibles.